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La historia de

Carmen
y
Diego

20 de septiembre de 2025

Bilbao, Palacio Larrinaga

Capítulo 01

Dos vidas antes

Lo que fuimos por separado

Carmen pintaba los fines de semana en un estudio pequeño que había alquilado en el Casco Viejo, con vistas a un patio de luces y mucha humedad. Coleccionaba libros sin terminar: los empezaba con entusiasmo y los dejaba a la mitad porque siempre había otro más interesante esperando. Tenía una rutina estricta para no sentirse sola — café a las siete, clases de pilates los martes, cenas con las amigas los jueves, domingo familiar sin excusa. Diego corría maratones para huir de sí mismo. Se levantaba antes del amanecer para entrenar y volvía empapado con la cabeza clara un rato. Le gustaban los libros que Carmen habría terminado en una tarde, los ensayos largos y densos que algunos llaman aburridos. Había decidido, en algún momento que ya no recuerda, que lo suyo era la soltería bien entendida. Eran dos formas muy distintas de llenar el tiempo antes de encontrarse. Ninguno de los dos estaba buscando a nadie. Suele pasar así.

Capítulo 02

El primer día

Marzo de 2020

Fue un día raro, y lo seguiría siendo aunque no hubiera sido por el mundo entero parándose a la vez. El país se cerraba, los balcones sonaban a aplausos a las ocho, las empresas pasaban a videollamada de un jueves a un lunes sin despedirse de la oficina. Nos encontrábamos por primera vez en una reunión de trabajo a la que ninguno de los dos tenía que ir. Apareció Carmen en la cuadrícula porque su jefa la había metido en copia "por si acaso". Apareció Diego porque llevaba la parte técnica de algo que ya nadie recuerda. Nos presentamos rápido, dijimos nuestros nombres y nuestras funciones, y la reunión siguió su curso. Pero al final, cuando todos se despedían, Carmen le preguntó a Diego por el cuadro que tenía detrás — un óleo pequeño, un paisaje del norte. Y esa pregunta duró veinte minutos más allá de la reunión. Quién iba a decir que de ahí saldría todo.

Capítulo 03

Todo lo de en medio

Cinco años en un capítulo

Cinco años no caben en un capítulo, pero vamos a intentarlo. Hubo una primera mudanza juntos a un piso pequeño en el que no entraba el sofá de Carmen. Hubo una segunda mudanza a uno más grande donde lo primero que colgamos fue un cuadro que había pintado ella. Hubo una perra que elegimos por error — era la más revoltosa de la camada, nos avisaron, y aún así — y que resultó ser lo mejor que nos había pasado. Hicimos dos viajes a Portugal, porque siempre hay dos viajes a Portugal. Uno a Japón, que era el sueño de Diego. Una visita rarísima a un pueblo de Soria donde había una fiesta del queso. Discutimos por tonterías que en el momento parecían el fin del mundo y que hoy no sabríamos ni contar, y nos reconciliamos por las mismas tonterías, lo cual suele ser la señal más sincera de que una cosa funciona. En medio de todo, cada uno se hizo un poco más del otro, y un poco más él mismo.

Capítulo 04

El sí

Un lunes cualquiera

No estaba planeado. Diego no había comprado anillo, Carmen no esperaba nada especial. Estábamos desayunando tostadas y ese café de cápsula que no nos gusta pero que pedimos igual por costumbre. Diego levantó la vista del periódico de ayer y dijo "oye, y si nos casamos". Lo dijo como quien dice "oye, y si hacemos pasta esta noche". Carmen, que todavía no se había despertado del todo, dijo "vale" con la misma cara con la que habría dicho "vale" a lo de la pasta. Luego nos miramos como dos personas que se dan cuenta de que acaban de decidir algo grande sin darse cuenta, y nos empezamos a reír los dos a la vez. Así de poco épico. Así de nosotros.

Capítulo 05

El gran día

20 de septiembre de 2025

Ciento veinte personas en un palacio que parecía sacado de una película antigua. Un sol de septiembre vasco que, contra todos los pronósticos, decidió acompañarnos durante todo el día sin un solo nubarrón. La hermana de Carmen temblando al leer una carta, su madre recompuesta detrás de unas gafas de sol que no se quitó en ningún momento, los amigos de la universidad cantando a gritos una canción que creíamos que nadie se acordaba. Nos casamos justo cuando el sol empezaba a caer, y dijimos las cosas que teníamos que decir, algunas que habíamos escrito y otras que nos salieron entonces. Hubo lágrimas, por supuesto. Hubo un discurso del hermano de Diego que duró quince minutos más de la cuenta y nadie lo paró porque era demasiado bonito. Y después bailamos. Todos. Hasta las abuelas. Fue una noche que nadie quiso que terminara, y en algún momento decidimos que sería mejor no recordarla entera, para dejar espacio a las que vinieran después.

Capítulo 06

Después de la fiesta

La vida que empieza

Luna de miel en Costa Rica, que no era nuestro plan original pero acabó siendo el bueno. Diez días entre selva y playa, durmiendo mucho y hablando poco, comiendo fruta que ninguno de los dos había probado, bañándonos en ríos que parecían imposibles. Una noche vimos tortugas salir del mar bajo la luna y los dos nos quedamos callados durante media hora porque no había nada que decir. Y vuelta a casa. A lo mismo pero distinto. La perra nos recibió como si hubiéramos vuelto del infierno, los padres de Carmen insistieron en hacernos la cena aunque llegamos tarde, los amigos nos mandaron fotos del día de la boda que todavía no habíamos visto. Y esa noche, cuando los dos nos tumbamos en la cama por fin y el silencio de la habitación era el de antes, nos dimos cuenta de que algo había cambiado. No sabríamos decir el qué. Algo pequeño, algo pesado como una buena noticia, algo que va a estar ahí ya para siempre.